Eduardo Longoni
Fotógrafo Argentino, a través de la agencia EDP/Photo, hizo circular fotografías sobre la crudeza y violencia de la Dictadura Militar trasandina.Es además uno de los fundadores de la exposición El periodismo gráfico Argentino la mayor muestra de fotoperiodismo de aquel país.




Longoni además, posee una interesante bibliografía, entre los que destaca “Sábato”, libro que recorre momentos de la vida del escritor, visualmente documentado a través del lente del fotógrafo argentino:



Fue muy emocionante ir con Longoni a los lugares que en estas últimas décadas de mi vida no me animé a recorrer, tanta era la nostalgia de aquel tiempo que ahora, en mis últimos años, pertenecen a algo perdido para siempre, en esta vertiginosa y trágica marcha hacia el fin. Lugares en que caminaron, discutieron, sintieron momentos de exaltación y de abatimiento, de sospechas y ternuras, dos de los personajes que más quiero en mis novelas, personajes ficticios, que jamás existieron en la realidad, pero que existieron en el fondo de esos oscuros rincones del alma, en que transcurren no sólo las ficciones, sino también los sueños y las pesadillas, los fantasmas enigmáticos que habitan ese misterioso territorio de nuestra existencia. Gracias, Longoni, por haberme permitido con su pasión y su talento, revivir hechos, vivencias e ilusiones que se fueron para no volver.
Ernesto Sabato
Más información e fotografías de Longoni, a través de su página web www.eduardolongoni.com.ar
El reportaje. Fragmento de “el momento decisivo”. Henri Cartier Bresson.
El reportaje plantea los elementos de un problema, fija un acontecimiento o unas impresiones. Un acontecimiento es siempre tan rico que uno gira alrededor mientras se desarrolla, buscando una solución. A veces se la encuentra en pocos segundos y otras veces exige horas y días; no hay solución estándar, no hay recetas, hay que estar preparados como en el tenis; los elementos del tema que hacen saltar la chispa, frecuentemente están separados; uno no tiene el derecho de unirlos por la fuerza; fabricar una puesta en escena sería trampear. De ahí viene la utilidad del reportaje; la página reunirá esos elementos complementarios repartidos en varias fotos.
La realidad nos ofrece una tal abundancia que contar, simplificar pero, ¿se corta siempre lo que se debe?. Es necesario llegar, trabajando, a conseguir una disciplina, a tener conciencia de lo que se hace. A veces, uno tiene sentimiento de haber tomado la mejor foto posible y, sin embargo, sigue fotografiando porque no puede prever con certeza de qué manera el acontecimiento se desarrollará. Es necesario, por el contrario, evitar gatillar inútilmente, evitar fotografiar rápido y maquinalmente, cargándose así de croquis inútiles que recargan la memoria y perturban la nitidez del conjunto.
El fotógrafo no puede ser un espectador pasivo, no puede ser realmente lúcido si no está implicado en el acontecimiento. La memoria es muy importante, la memoria de cada foto tomada al galope, a la misma velocidad que el acontecimiento; durante el trabajo uno debe estar seguro de no haber dejado agujeros, de haber expresado todo, porque después será demasiado tarde; no se podrá hacer desandar el tiempo.
En nuestro trabajo hay dos momentos en los que se produce una selección, en consecuencia, hay dos lamentos posibles. El primero, cuando en el visor se esta confrontando con la realidad; el segundo, una vez que las imágenes han sido reveladas y fijadas, cuando uno está obligado a separarse de las fotos que, aunque justas, serían menos fuertes. Cuando es demasiado tarde, entonces, se sabe por qué uno no ha hecho lo suficiente. A menudo, durante el trabajo, una duda, una ruptura física con el acontecimiento nos da la impresión de que no hemos tenido en cuenta cierto detalle del conjunto; y, sobre todo, lo que es frecuente, que el ojo se descuidó, la mirada se volvió vaga, y eso bastó.
Para todos nosotros, el espacio va ampliándose desde nuestro ojo hacia el infinito, espacio presente que nos atrae con mayor o menor intensidad y que va a encerrarse inmediatamente en nuestro recuerdo, modificándose una vez allí. De todos los medios de expresión la fotografía es el único que fija un instante preciso. Jugamos con cosas que desaparecen, y cuando han desaparecido es imposible hacerlas revivir. Uno no puede retocar el sujeto; cuanto más se puede elegir entre las imágenes recogidas para presentar el reportaje. El escritor tiene el tiempo para reflexionar antes de que la palabra se forme, antes de ponerla en el papel; puede relacionar varios elementos, los unos con los otros. Hay un período en el cual el cerebro olvida, y se produce una especie de decantación. Para nosotros lo que desaparece, desaparece para siempre; de ahí nuestra angustia y la originalidad esencial de nuestro oficio; no podemos rehacer nuestro reportaje una vez que uno ya está en el hotel, de vuelta.
Nuestra tarea consiste en observar la realidad con la ayuda de ese cuaderno de apuntes que es la cámara, fijándola pero sin manipularla ni durante la toma, ni en el laboratorio mediante trucos, porque eso es visto por quien sabe ver. En un reportaje fotográfico uno llega, como el árbitro, para contar los golpes, como una especie de intruso, fatalmente. Hay que acercarse al sujeto con pie de plomo, incluso si se trata de una naturaleza muerta. Hay que andar con guantes, pero teniendo el ojo alerta. Sin precipitaciones, porque no se golpea el agua antes de pescar. Nada de fotos con flash, por supuesto, aunque más no sea que por respeto a la luz, aún cuando no esta. Porque sino el fotógrafo sería alguien insoportablemente agresivo. Este oficio depende hasta tal punto de las relaciones que se establecen con la gente que una palabra puede estropearlo todo, y entonces los alvéolos se cierran. No hay aquí sistema, salvo el hacerse olvidar y hacer olvidar la cámara, que es siempre demasiado llamativa.
Las relaciones son muy diferentes según los países y los medios. En Oriente un fotógrafo impaciente o simplemente apurado se cubre de ridículo, lo que no tiene remedio. Si alguna vez uno es superado, porque alguien ha notado la cámara, entonces no se puede hacer otra cosa que olvidar la fotografía y dejar amablemente que los niños se arremolinen. Acabo de hablar extensamente del reportaje. Yo hago reportajes, pero lo que busco desesperadamente es la foto única, que se basta a ella misma por su rigor (sin pretender por eso hacer arte, psicología, psicoanálisis o sociología), por su intensidad, y cuyo tema excede la simple anécdota.
Jan Sochor. Fotoensayos en Latinoamérica
Hoy les propongo que visiten la web de Jan Sochor, fotógrafo checo, el que a través de un diseño web notable, nos propone el recorrido a través de su cámara, por esa América latina que aquí en Europa, no se ve en las postales ni en la publicidad de los paquetes turísticos.
El link. Disfrútenlo.
Experiencias colaborativas: Fotografía & IAP en Guatemala
Me interesa presentar un pequeño fragmento del trabajo realizado por M. Brynton Likes, Phd. en Sicología Social, durante la pasada década, junto a mujeres mayas organizadas en el Comité de las Mujeres de Chajul. EL fragmento proyecta el potencial de la fotografía como herramienta en el proceso de construcción de una visión de lo social, politico, económico, en términos colectivos.
Chajul, pequeño pueblo en Guatemala, conformante del Triangulo Ixil, fue uno de los lugares desolados por los 36 años de guerra en Guatemala. M. Brynton fue invitada por mujeres Ixiles a trabajar con ellas con el objetivo de generar un proceso de recomposición de sus comunidades, fracturadas por tanta violencia, a través del uso de las artes y la fotografía, a través de un enfoque metodológico de investigación acción participativa (IAP).
Cada fotógrafa selecciona de cinco a siete fotografías del rollo de 24 exposiciones, ya reveladas. Luego ella “narra la historia” de cada fotografía a un pequeño grupo que incluyen de dos a cuatro participantes más. Ella incluye su intención principal de escoger esta fotografía así como cualquier historia que le ha dicho la persona fotografiada. En la segunda vuelta de análisis, formamos grupos de cinco a siete mujeres quienes seleccionaron de dos a cuatro fotografías, de las fotografías que había sido seleccionadas individualmente con anterioridad, esta vez agrupadas por tema. Estas sesiones analíticas de grupo han sido particularmente motivadoras y han despertado interés. Por medio de un plan cuidadoso y de apoyo a las experiencias dentro de los grupos de discusión (Rogoff, 1990; Vygotsky, 1986), las mujeres han desarrollado estrategias para organizar las ideas, identificando las similaridades y diferencias entre las fotografías y a través de estas, de esta manera, contruyen un análisis del todo, de los grupos de fotografías. Las mujeres han identificado posibles causas próximas o distantes de los problemas representados en cualquier fotografía y plantearon hipótesis de secuencias causales. Por ejemplo, una historia inicial fue la de una niña joven, descalza, que cargaba leña, describiendo su deseo por un “choco-banano” y su necesidad de vender la leña para conseguir el dinero para comprar lo que le gusta.
En subsiguientes análisis de grupos, se reveló que esta niña de edad escolar ha sido forzada a vender la leña para traer dinero a casa, consecuentemente entrando a la economía del mercado.
(Fragmento de “Artes Creativas y Fotografía en Investigación-Acción-Participativa en Guatemala”. M. Brinton Lykes)
Si quieres conocer más sobre esta experiencia, colgué el texto introductorio al proyecto, o si prefieres, puedes ir a la página web de la realizadora.






